Por HispanTV
Las Naciones Unidas se preparan para elegir a su próximo secretario general, quien asumirá el cargo el 1 de enero de 2027 para iniciar un nuevo mandato al frente de la organización mundial.
Fundada tras la Segunda Guerra Mundial, la Organización de las Naciones Unidas entró oficialmente en funcionamiento el 24 de octubre de 1945, con el objetivo primordial de evitar otro conflicto mundial.
Su Carta fundacional comprometió a los Estados miembros a mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar las relaciones de amistad entre las naciones, proteger los derechos humanos y promover la cooperación internacional.
La organización fue concebida como un marco común que permitiera a los países, independientemente de su tamaño o poderío militar, resolver sus disputas pacíficamente y actuar de manera colectiva ante las crisis mundiales.
Sin embargo, más de ocho décadas después, la brecha entre estos principios y las realidades políticas resulta cada vez más difícil de ignorar, pues la capacidad de la organización para prevenir guerras y exigir responsabilidades a determinados Estados belicistas ha sido cuestionada reiteradamente.
El genocidio que Estados Unidos e Israel siguen perpetrando en Gaza, donde más de 74.000 palestinos han sido asesinados desde el 7 de octubre de 2023, se ha convertido en una de las pruebas más evidentes de la pérdida de credibilidad de las Naciones Unidas.
El inmenso sufrimiento de la población civil, la destrucción generalizada, las restricciones impuestas por Israel al acceso humanitario y los reiterados fracasos a la hora de alcanzar una solución duradera han suscitado serios interrogantes sobre la capacidad de la comunidad internacional para proteger a los civiles y hacer cumplir los principios del derecho internacional humanitario.
Han surgido preocupaciones similares en torno a la ofensiva israelí contra el Líbano y a la guerra de agresión no provocada que Estados Unidos e Israel han librado contra Irán en dos ocasiones en menos de un año, incluidos los ataques contra sus instalaciones nucleares con fines pacíficos.
El problema no radica en que las Naciones Unidas no hayan conseguido impedir todas las guerras. La crisis tiene que ver con las estructuras políticas que limitan la capacidad de la ONU para actuar con determinación, especialmente cuando los Estados más influyentes se oponen a la acción colectiva.
En consecuencia, la organización corre el riesgo de perder la confianza de la opinión pública cuando sus declaraciones, resoluciones y expresiones de preocupación no van acompañadas de medidas eficaces para evitar que continúe el sufrimiento o garantizar que se rindan cuentas.
En este contexto, la elección del próximo secretario general, que sucederá al actual jefe de la ONU, António Guterres, representa mucho más que una transición rutinaria en el liderazgo de la organización.
Se trata de una oportunidad para reconsiderar qué tipo de liderazgo necesita la comunidad internacional y si quien ocupe el cargo podrá reforzar la independencia, la credibilidad y la capacidad de respuesta de la organización ante las crisis.
¿Cómo se elige realmente al secretario general?
De conformidad con el artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas, la Asamblea General nombra al secretario general por recomendación del Consejo de Seguridad.
Los Estados miembros presentan candidaturas y los aspirantes exponen sus cualificaciones y sus propuestas para la organización.
Los candidatos participan en diálogos públicos e interactivos, mientras que el Consejo de Seguridad examina sus candidaturas mediante consultas privadas y votaciones informales.
Un aspecto crucial es que, dado que la recomendación constituye una decisión sustantiva del Consejo de Seguridad, la oposición de cualquiera de sus cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China y Rusia— puede impedir que un candidato sea recomendado.
El candidato elegido necesita obtener al menos nueve votos de los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, sin la oposición de ninguno de los cinco miembros permanentes. El Consejo tiene hasta finales de diciembre para elegir al sucesor de Guterres.
Posteriormente, la Asamblea General formaliza el nombramiento.
La ministra de Estado para Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Lana Nusseibeh; el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el argentino Rafael Grossi; la vicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grynspan; la exministra de Asuntos Exteriores de Guyana, Carolyn Rodrigues-Birkett; la exministra de Asuntos Exteriores de Ecuador, María Fernanda Espinosa; el exsecretario general adjunto de la ONU, el ugandés Olara Otunnu; y la diplomática ecuatoriana Ivonne A-Baki compiten por el cargo.
Los siguientes perfiles examinan a varios de los candidatos que participan en el proceso de selección de 2026, centrándose en su trayectoria profesional, experiencia diplomática, perspectivas políticas y posibles enfoques ante los desafíos que afronta las Naciones Unidas.
Lana Nusseibeh

A sus 48 años, Lana Nusseibeh, actual ministra de Estado para Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos y antigua embajadora de ese país ante la ONU entre 2013 y 2024, ha sido nominada por Abu Dabi para convertirse en la próxima secretaria general de las Naciones Unidas.
Su trayectoria plantea serios interrogantes sobre la aplicación de dobles raseros, la rendición de cuentas y su capacidad para actuar con independencia del Gobierno que la ha propuesto.
Nusseibeh contribuyó a impulsar los Acuerdos de Abraham y la normalización de las relaciones entre los Emiratos Árabes Unidos y el régimen israelí ocupante.
También ha defendido el mantenimiento de los vínculos con el régimen israelí en medio de su guerra genocida contra Gaza.
En marzo, condenó las operaciones de represalia de Irán contra bases estadounidenses situadas en países vecinos, pero no formuló una condena comparable de la agresión no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán.
El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, afirmó el domingo en una publicación en X que la candidatura de Nusseibeh a la Secretaría General de la ONU pretende despejar el camino diplomático para las ambiciones expansionistas y agresivas de Israel en el marco del denominado proyecto del “Gran Israel”.
Añadió que su candidatura al máximo cargo de la ONU también pretende blanquear el “genocidio sistemático” que Israel está perpetrando contra los palestinos en la Franja de Gaza.
La guerra de Sudán plantea una cuestión aún más preocupante. Desde que estalló el conflicto en abril de 2023, diversos informes han revelado que los Emiratos Árabes Unidos suministran armas, equipos y apoyo logístico a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), un grupo paramilitar responsable de asesinatos masivos, atrocidades de carácter étnico y violencia sexual sistemática.
En septiembre, una misión de investigación de la ONU informó de que existían motivos razonables para creer que una red transnacional en la que participaban personas y entidades vinculadas a los Emiratos Árabes Unidos había suministrado armas, equipos militares, formación y apoyo logístico a las FAR. Abu Dabi niega respaldar a la milicia.
El coste humano es catastrófico: alrededor de 13 millones de personas han huido de sus hogares, y funcionarios de la ONU advirtieron en agosto de 2026 de que el número real de muertos podría ascender a cientos de miles.
Las atrocidades cometidas por las FAR en Darfur, incluidas las matanzas masivas perpetradas en las inmediaciones de El-Fasher, han intensificado el escrutinio de las redes externas que han contribuido a sostener la guerra.
Como representante de alto rango del aparato de política exterior de los Emiratos Árabes Unidos, la candidatura de Nusseibeh no puede desvincularse del papel de su Gobierno en el recrudecimiento de la brutal guerra de Sudán.
Si resulta elegida, Nusseibeh se convertiría en la primera mujer en dirigir las Naciones Unidas desde su fundación en 1945, en la primera persona de ascendencia palestina en ocupar el cargo y en la segunda secretaria general procedente del mundo arabófono, después del egipcio Boutros Boutros-Ghali.
Rafael Grossi

A sus 65 años, Rafael Grossi, candidato de Argentina a la Secretaría General de la ONU, dirige la AIEA) desde 2019 y fue reelegido en 2024.
Anteriormente, se desempeñó como embajador de Argentina en Austria y como diplomático de alto rango especializado en cuestiones relacionadas con la no proliferación nuclear.
Argentina lo nominó oficialmente para dirigir las Naciones Unidas a partir de 2027.
Sin embargo, su trayectoria al frente de la AIEA merece un examen riguroso, especialmente en lo relativo a Irán.
El organismo planteó preocupaciones infundadas en materia de salvaguardias sobre las actividades nucleares de Teherán y formuló acusaciones desmesuradas contra Irán que, en última instancia, allanaron el camino para la guerra de agresión de Estados Unidos e Israel.
Teherán ha criticado reiteradamente a la AIEA por presentar sus conclusiones de manera políticamente motivada. Según las autoridades iraníes, la gestión de Grossi del expediente nuclear iraní contribuyó a fabricar el pretexto para la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, una devastadora agresión militar que se cobró miles de vidas civiles, incluidas las de niños.
La prueba más preocupante de la imparcialidad de Grossi llegó en junio de 2025, cuando Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares iraníes durante la guerra impuesta de 12 días. Aunque la AIEA tenía la responsabilidad de supervisar esas instalaciones, Grossi se negó a condenar los ataques.
El propio mandato de la AIEA incluye promover el uso pacífico de la energía nuclear y salvaguardar los materiales nucleares, no limitarse a exigir el cumplimiento de las obligaciones a los Estados sometidos a escrutinio mientras mantiene una cautela manifiesta cuando sus instalaciones son atacadas.
Al dar mayor difusión a las acusaciones sin demostrar que Irán hubiera decidido fabricar un arma nuclear y, al mismo tiempo, no condenar explícitamente los ataques contra instalaciones nucleares iraníes sometidas a salvaguardias, el liderazgo de Grossi ha suscitado profundas dudas sobre la imparcialidad del organismo y sobre si su autoridad se utilizó para legitimar una guerra cuyo coste humano ha sido catastrófico.
Como candidato a secretario general de la ONU, Grossi debe responder a una pregunta fundamental: ¿puede un hombre que dirigió el organismo internacional de vigilancia nuclear durante la guerra contra Irán defender de manera creíble la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y el uso pacífico de la tecnología nuclear sin aplicar criterios diferentes a los Estados influyentes y a sus supuestos «adversarios»?
Rebeca Grynspan

A sus 70 años, Rebeca Grynspan, candidata de Costa Rica a la Secretaría General de la ONU, es economista y diplomática y ocupa el cargo de secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) desde 2021.
Es la primera mujer que dirige la UNCTAD en sus 60 años de historia.
Grynspan procede de una familia judía cuyos padres huyeron de Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial.
Anteriormente, fue vicepresidenta de Costa Rica y ocupó cargos de alto nivel en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
En 2022, también desempeñó un papel clave en las negociaciones de la Iniciativa sobre la Exportación de Cereales por el Mar Negro, auspiciada por la ONU, Turquía, Rusia y Ucrania, que permitió exportar más de 32 millones de toneladas de cereales.
Bajo su dirección, la UNCTAD publicó informes que documentaban las devastadoras consecuencias económicas de la ocupación israelí, las restricciones impuestas a la actividad económica palestina y la destrucción de Gaza tras el genocidio perpetrado por Israel.
Estos informes pusieron de relieve los enormes costes de la ocupación y la magnitud de las labores de reconstrucción necesarias.
También ha criticado las repercusiones de la devastadora guerra de Israel sobre la población civil y las infraestructuras civiles de Gaza. Sin embargo, sus críticas a las acciones genocidas de Israel en Gaza no implican necesariamente que se oponga a Israel en su conjunto, especialmente porque también condenó la operación palestina “Tormenta de Al-Aqsa” del 7 de octubre, encabezada por el Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (HAMAS).
Su carrera se ha centrado principalmente en el desarrollo económico, las instituciones multilaterales y la reforma del sistema económico internacional.
En abril de 2025, instó a Estados Unidos a reconsiderar los aranceles que perjudican a los países en desarrollo. En una entrevista concedida a El País en julio de 2025, abordó sus repercusiones económicas y subrayó la importancia de mantener las relaciones con Estados Unidos.
Estas posiciones reflejan críticas a determinadas políticas comerciales estadounidenses y un respaldo a los países en desarrollo, pero no significan necesariamente que se oponga al sistema en su conjunto.
Por tanto, su candidatura plantea una cuestión importante: ¿cuestionará las estructuras de poder desiguales del sistema internacional y aplicará el derecho internacional de manera uniforme a los Estados influyentes, o mantendrá un enfoque centrado en reformar el orden existente sin confrontarlo en sus fundamentos?
Carolyn Rodrigues-Birkett

Carolyn Rodrigues-Birkett, de 53 años, es una diplomática guyanesa y exministra de Asuntos Exteriores de Guyana, cargo que desempeñó entre 2008 y 2015.
Fue representante permanente de Guyana ante las Naciones Unidas y su país la nominó para ocupar la Secretaría General de la ONU en junio.
Cuenta con una amplia experiencia en diplomacia multilateral, incluido el mandato de Guyana en el Consejo de Seguridad de la ONU durante el período 2024-2025.
Rodrigues-Birkett ha adoptado una posición clara contra la guerra genocida de Israel en Gaza y sus políticas de ocupación.
En noviembre de 2024, al intervenir en el Consejo de Seguridad en representación de Guyana, criticó la incapacidad de este órgano para aprobar una resolución que exigiera un alto el fuego inmediato, incondicional y permanente en Gaza, después de que Estados Unidos vetara la iniciativa pese a que 14 miembros habían votado a favor.
Advirtió de que el veto corría el riesgo de permitir que continuaran los asesinatos, la inanición y las mutilaciones de civiles palestinos.
En diciembre de 2024, invocó la opinión consultiva emitida por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en julio de ese año y subrayó la obligación de Israel de poner fin a las nuevas actividades de asentamiento y retirar a los colonos de los territorios palestinos ocupados.
En junio de 2025, reclamó un alto el fuego inmediato, incondicional y permanente en Gaza, condenó la expansión de los asentamientos y el asesinato de palestinos que buscaban ayuda humanitaria, y advirtió de que utilizar el hambre como arma de guerra constituye una violación del derecho internacional.
Su postura contundente sobre Palestina y Gaza se ha convertido en un punto de controversia en la carrera por la Secretaría General de la ONU.
En una entrevista concedida a El País en octubre, le preguntaron si sus críticas a Israel le habían costado apoyos.
Rodrigues-Birkett defendió su trayectoria y señaló que la posición de Guyana reflejaba su compromiso con el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Los informes de las últimas rondas de votaciones informales del Consejo de Seguridad indicaron que su posición se había debilitado en comparación con la de algunos de sus rivales. En las cuatro primeras votaciones, Grynspan y Rodrigues-Birkett ocuparon los dos primeros puestos. Sin embargo, en la última ronda, Rodrigues-Birkett cayó al tercer lugar, por detrás de Grossi.
Su candidatura pone de relieve, por tanto, una tensión central del proceso de selección del secretario general: si la disposición de un candidato a cuestionar públicamente las acciones de Israel en nombre del derecho internacional puede coexistir con el respaldo político que necesita de los miembros más poderosos del Consejo de Seguridad.
María Fernanda Espinosa

María Fernanda Espinosa, de 62 años, es una diplomática, política y académica ecuatoriana que ocupó los cargos de ministra de Asuntos Exteriores y ministra de Defensa de Ecuador.
Presidió el 73.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas entre 2018 y 2019 y fue representante permanente de Ecuador ante la ONU y otras organizaciones entre 2014 y 2017.
Antigua y Barbuda la nominó para ocupar la Secretaría General de la ONU en mayo.
Su candidatura cuenta con el respaldo de un país distinto del suyo. Ecuador, gobernado por el presidente conservador Daniel Noboa, quien recientemente obtuvo un segundo mandato, todavía no se ha pronunciado públicamente sobre su nominación.
Su campaña hace hincapié en la prevención de conflictos, la cooperación multilateral y la reforma de las Naciones Unidas.
En una entrevista concedida a El País en mayo, sostuvo que iniciativas como la propuesta del presidente estadounidense, Donald Trump, de crear una Junta de Paz para Gaza podrían complementar a la ONU, en lugar de debilitarla necesariamente.
Esta postura se produce mientras activistas advierten de que la Junta de Paz de Trump amenaza con socavar a las Naciones Unidas al crear un organismo paralelo dirigido por Estados Unidos que concentra la toma de decisiones en Washington, elude los mecanismos multilaterales establecidos y debilita el papel central de la ONU en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.
La Junta de Paz impulsada por Estados Unidos también ha sido objeto de crecientes críticas por excluir a los palestinos de los principales órganos de decisión, concentrar el poder en manos de Trump y correr el riesgo de sustituir la autodeterminación palestina por un sistema de gobierno impuesto desde el exterior.
Expertos en derechos humanos de la ONU han advertido de que su enfoque podría asemejarse a una administración colonial, en lugar de constituir una vía hacia la paz basada en los derechos.
Lo más importante es que la Junta no ha conseguido garantizar el fin duradero de la violencia: los ataques israelíes y los asesinatos de civiles palestinos han continuado pese al alto el fuego anunciado en octubre de 2025, mientras que las restricciones a la ayuda humanitaria y a la reconstrucción siguen siendo motivo de grave preocupación.
Espinosa también se ha mostrado reacia a adoptar una posición pública firme sobre la reforma del derecho de veto en el Consejo de Seguridad, al afirmar que la cuestión corresponde a los Estados miembros.
Olara Otunnu

Olara Otunnu, de 75 años, es un diplomático ugandés y exministro de Asuntos Exteriores que ocupó el cargo de secretario general adjunto de las Naciones Unidas y representante especial para la cuestión de los niños y los conflictos armados entre 1997 y 2005.
Uganda lo nominó para la Secretaría General de la ONU en julio.
En relación con Palestina y Gaza, Otunnu ha señalado que la crisis debe constituir una prioridad inmediata para las Naciones Unidas y ha calificado de inaceptable el sufrimiento de la población civil.
Durante el diálogo con los candidatos a secretario general de la ONU celebrado el 19 de agosto, pidió algo más que un cese temporal de los combates y afirmó que la comunidad internacional debe abordar las causas profundas de la guerra y buscar una solución duradera.
También insistió en que el derecho internacional y los derechos humanos deben aplicarse de manera uniforme, sin selectividad.
Sin embargo, sus declaraciones públicas durante ese diálogo se centraron en principios generales y en la resolución de conflictos, en lugar de exigir explícitamente responsabilidades a Israel por sus actos genocidas en Gaza y otros lugares.
La cuestión de si estaría dispuesto a enfrentarse públicamente a los Estados influyentes cuando violan el derecho internacional sigue siendo un interrogante importante para su candidatura.
Ivonne A-Baki

Ivonne A-Baki, de 75 años, es una diplomática y política ecuatoriano-libanesa que ha ejercido como embajadora de Ecuador en Estados Unidos, Francia y Catar, además de ocupar cargos ministeriales en el Gobierno.
Tonga la nominó para la Secretaría General de la ONU en agosto. Su campaña pone el acento en la prevención de conflictos, la mediación, la reducción de la burocracia de las Naciones Unidas y la mejora de la eficacia de la organización.
Baki ha respaldado los Acuerdos de Abraham, los pactos de normalización de relaciones entre el régimen israelí y varios Estados árabes.
Durante su diálogo con los candidatos a la Secretaría General de la ONU, celebrado el 20 de agosto, Baki se hizo eco de las denominadas “preocupaciones de seguridad” de Israel, cuestionó si la “solución de dos Estados” seguía siendo viable y sugirió que unas fronteras seguras podrían ofrecer una alternativa.
Sin embargo, este enfoque deja sin respuesta cuestiones fundamentales: ¿qué lugar ocupa en él la autodeterminación palestina, el fin de la ocupación israelí y el establecimiento de un Estado palestino independiente?
Baki también ha reconocido abiertamente su amistad con Trump y ha afirmado que su candidatura cuenta con el respaldo de Estados Unidos.
Ha elogiado el papel de Trump en la diplomacia internacional y respaldado su propuesta de crear una Junta de Paz para Gaza, al sostener que las iniciativas ajenas a la ONU pueden contribuir a la paz.
Sus estrechos vínculos personales con Trump, su apoyo a los Acuerdos de Abraham y su respaldo a la Junta de Paz propuesta por el presidente estadounidense plantean interrogantes legítimos sobre el grado de independencia con el que actuaría si la política de Estados Unidos entrara en conflicto con las posiciones de otros Estados miembros de las Naciones Unidas.
¿Podrá el próximo secretario general recuperar la credibilidad de la ONU?
António Guterres deja tras de sí unas Naciones Unidas cuya autoridad se ha visto gravemente erosionada por sus reiterados fracasos a la hora de detener las guerras, proteger a la población civil y exigir responsabilidades a los Estados poderosos.
Durante su mandato, la organización ha parecido con demasiada frecuencia un organismo sin capacidad efectiva de actuación: emite declaraciones, expresa preocupación y pide moderación mientras las atrocidades continúan y el derecho internacional se viola abiertamente.
La guerra genocida de Israel contra Gaza y la agresión no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán se han convertido en algunos de los símbolos más elocuentes de esta parálisis institucional.
La cuestión ahora es si un nuevo secretario general podrá recuperar la credibilidad de la ONU o si simplemente heredará y perpetuará los mismos fracasos.
Sin la valentía política necesaria para cuestionar a los Estados influyentes y hacer frente a los dobles raseros, un cambio de liderazgo podría aportar poco más que un nuevo rostro a una institución cada vez más impotente.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
